978-84-397-0602-1 Título
Africa. Un español en el Golfo de Guinea.  
Autores Iradier, Manuel           
Editorial Mondadori España, S.A.  Nº edición  Año  Ene/2000
Colección  Las mil y una voces  Nº colección  Páginas  289 
 
Materias



Prosa siglo XX


Encuadernación  Guaflex 
Largo  Ancho 
Idioma  Español 
Estado
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Reseña del libro
ALFREDO MERINO
Cuatro cosas importantes debe tener en cuenta todo viajero de África. 1º Llevar el equipaje necesario con el menor volumen, peso y coste posibles. 2º Invertir el menor tiempo que sea dable en cada uno de los trabajos de la expedición, a fin de poder dedicarse a todos ellos con la suficiente holgura. 3º Estudiar la moral del negro y obrar con él atendiendo a su carácter general. 4º Seguir un método de vida fijo, invariable y conforme con las reglas prescritas por la higiene.

Tan elementales, evidentes e incluso, porqué no decirlo, superados consejos, son las sinceras recomendaciones que aparecen al final de 'África', libro que es considerado como las memorias del más universal de los exploradores decimonónicos españoles, Manuel Iradier. Su lectura descubre el talante liberal de este humanista que se echó al mundo bajo el lema conocer lo desconocido.

Escrita a la manera de un diario, la obra del descubridor del país de Muni aparece repleta de descripciones realistas en las que rezuman el talante de este vasco. No merece pasar a la historia como conquistador de tierras ajenas, sino como explorador del alma, el sentir y el vivir de los africanos, reconoce Ramón Jiménez, responsable de esta cuidada edición. En ella aparece una selección de las partes más representativas, así como algunos documentos inéditos hasta la fecha. Gracias a todo esto puede situarse con exactitud el momento histórico que le tocó vivir a aquel hombre.

Describe Ramón Jiménez en el comienzo del libro el encuentro que tuvo Iradier, con 18 años recién cumplidos, con el corresponsal del periódico New York Herald, destacado en la capital alavesa para cubrir los enfrentamientos entre carlistas e isabelinos en 1873, que no era otro que el formidable Stanley. El joven expuso al veterano explorador su plan de cruzar el continente africano de norte a sur.

“Stanley debió de sentirse conmovido por la ingenuidad del joven vitoriano cuenta Jiménez-, por mucho que en las actas de La Exploradora, la asociación que Iradier había fundado (con 14 años) conste que calificó el proyecto de grandioso y realizable. Pragmático donde los hubiera, Stanley insistió en que para llevar a cabo tal empresa hacían falta dos cosas: ‘dinero y dinero’. Al comprobar que el vitoriano carecía de medios y apoyos, le sugirió que viajara a las posesiones españolas del golfo de Guinea.

Jiménez Fraile es un profundo conocedor de la exploración africana y en el prólogo de este libro lo demuestra. Con notable capacidad de síntesis pasa revista a los principales descubrimientos que realizaron los blancos. Su rigor saca del olvido al jesuita español Pedro Páez, quien recorrió Abisinia a finales del XVI, y a otros exploradores españoles como el barcelonés Domingo Badía, el bilbaíno José María de Murga o el también catalán Joaquín Gatell. Pero también saca los colores de aquel periodo de la historia de nuestro país: España siempre anduvo con el siglo cambiado. Mientras que para los otros países europeos el siglo XIX fue un siglo de expansión colonial, para España fue el de la pérdida de su imperio de ultramar, y afirma más adelante que para los gobernantes españoles, África quería decir únicamente Marruecos.

Cuesta creer que en mitad de semejante panorama la figura de Manuel saliese adelante. Convencido por Stanley, no tardó dos años en embarcarse a las colonias españolas. Sufragó el viaje de su bolsillo y se hizo acompañar por su esposa, la hermana de ésta y su hija. Un año pasó recorriendo el país ecuatorial española, pero aquello tuvo un alto precio. El punto culminante de su trepidante aventura no fue, sin embargo, la muerte de uno de los tres jóvenes vitorianos, sino de la hija de Manuel y de Isabel, narra el editor. Aquel tormento cruel, como reconoció el propio Iradier, se aposenta en la parte final de esta obra, el más fiel testimonio de la materialización del sueño africano de su autor.  
 
Bio-bibliografía del autor