978-84-249-0025-0 Título
Historia de la lengua española  
Autores Lapesa Melgar, Rafael           
Editorial Gredos, S.A. Editorial  Nº edición  Año  May/2012
Colección  N.B.R.H.  Nº colección  Páginas  575 
 
Materias



Historia. filologia, lexicografia


Encuadernación  Cartoné 
Largo  23  Ancho  16 
Idioma  Español 
Estado
Sin stock, podemos pedirlo
Sin stock, podemos pedirlo
  P.V.P. 
 
   35,00
 
 
Reseña del libro
 
 
Bio-bibliografía del autor
El académico y lingüista Rafael Lapesa cumple hoy 90 años con una vitalidad envidiable. Optimista sobre la salud y el futuro del idioma español, Lapesa vive dedicado a dos proyectos: la edición de una recopilación de artículos y una historia de la sintaxis española. El prestigioso historiador de la lengua asegura que se siente joven porque sigue siendo curioso.
Discípulo de maestros como Ramón Menéndez Pidal y Américo Castro y, a la vez, referencia imprescindible para varias generaciones de lingüistas, los 90 años le han sorprendido a Rafael Lapesa trabajando, como siempre. "Siempre he tenido mucha curiosidad intelectual y nunca he considerado el trabajo como tal, sino más bien como un placer y una pasión", señala el más prestigioso historiador de la lengua española. Optimista sobre la salud y el futuro del idioma, Lapesa manifiesta que "en inglés nunca logrará arrinconar al español".

Vive desde hace medio siglo en una espaciosa y soleada casa de la residencia de profesores de la Universidad Complutense de Madrid. Atiborrado el piso de libro, Rafael Lapesa lamenta no poder subirse ya a las escaleras para ordenarlos, pero mantiene una vitalidad envidiable que le permite dedicarse a dos proyectos: la edición de una recopilación de artículos y una historia de la sintaxis española.

"Es cierto que sigo siendo joven porque sigo siendo curioso", comenta Lapesa, entre sonrisas, mientras contesta resignado que sus idas son cada vez menos normales. "Son anormales", añade, "porque estoy más preocupado por mis mareos que ocupado de mi trabajo". Pide disculpas este pulcro y educado profesor por recibir a los periodistas en batín, bajo el que asoma una bien anudada corbata.

Un idioma unido

Este catedrático de Historia de la Lengua Española, que vivió y dio clases en prestigiosas universidades de Estados Unidos, como Harvard, Yale o Princeton, contempla la expansión del español en la primera potencia del mundo como um signo evidente de pujanza del idioma. "Cada vez hay más hispanos que viven en Estados Unidos y una lengua tiene un valor psicológico sobre aquellos que la viven y la hablan. El español es la tercera lengua en influencia, tras el inglés y el chino, y su futuro no está en absoluto amenazado. En inglés nunca logrará arrinconar al español. Además, pese a sus pequeñas y a veces no tan pequeñas diferencias dialectales, el español se ha mantenido unido en América y en Europa". La riqueza literaria y el hecho de que España llevara a América una cultura actual en aquella época del siglo XVI llevan a Lapesa a explicarse las razones por las que se impuso a las lenguas indigenes.

Admite este miembro de la Academia Española de la Lengua que el español pueda escribirse y hablarse hoy peor que hace unas décadas, pero a renglón seguido precisa: "Ese diagnóstico podría aplicarse a cualquier lengua actual, como el inglés o el francés. Hay que considerar que las circunstancias provocan que la pureza de la lengua deje paso a las novedades formuladas por situaciones cambiantes, al tiempo que cada vez es mayor la influencia de lenguas cercanas".

Tampoco ve especiales peligros Lapesa en la hegemonía que el inglés ha alcanzado en el campo de las nuevas tecnologías o de los medios de comunicación audiovisuales. "Claro que hay cambios", resume el académico y lingüista, "pero eso resulta inevitable. Ahora, las mayores influencias proceden del inglés, como en el siglo XVIII venían del francés. Todos los idiomas se influyen y se contaminan unos a otros".

Pasión por enseñar

La inmensa mayoría de sus alumnos ha reconocido en Lapesa unas virtudes singulares para explicar una materia aparentemente tan árida como la evolución de una lengua. Asiente con la cabeza en gesto de agradecimiento y comenta: "Me gustaba enseñar. Sencillamente, me apasionaba encontrar explicaciones a los interrogantes que me planteaban los estudiantes. Un músico que goza tocando el violin o el piano, nunca considerará su tarea como un sacrificio. Yo he tenido esa sensación".

¿Alguna receta para atraer la atención de los alumnos?

"Ninguna en particular más allá de que yo intentaba que los estudiantes redactaran y leyeran mucho", afirma. "Eso sí, es fundamental corregir mucho, aunque se trate de un trabajo muy arduo para un profesor. Yo tuve la suerte de que mi mujer me ayudaba mucho a corregir".

El profesor Lapesa corregía los ejercicios a sus alumnos personalmente porque de ese modo "podía tener con ellos el diálogo necesario que en una clase con más de cien alumnos resultaba imposible, simplemente porque no era un diálogo, sino una algarabía". Más de 20 años después de su jubilación, muchos estudiantes todavía recuerdan su gran capacidad para enseñar, para convertir en claro aquello que es difícil.

Ha sido Premio Nacional de Investigación en 1983 y Premio Príncipe de Asturias de las Letras tres años después; galardonado por muchas universidades y considerado unánimemente una autoridad en el estudio de la lengua española, la mirada de Rafael Lapesa se ilumina de verdad cuando recuerda: "Lo que más me impresionaba como profesor eran episodios como el de aquella ocasión en la que, tras leer unos versos de Rosalía de Castro, las chicas que integraban la clase se pusieron en pie por la pura emoción de las palabras de la poeta gallega. Siempre he observado que los chicos se interesan más por las razones del conocimiento, y las chicas, por la estética, por la belleza. De todos modos, yo cursé mis estudios secundarios y universitarios cuando en España ya funcionaba la conducción y soy un decidido partidario de que hombres y mujeres seamos compañeros en todos los órdenes".

Un trotamundos curioso
M. Á. V., Madrid

Rafael Lapesa Melgar nació en Valencia el 8 de febrero de 1908, aunque la familia se trasladó a Madrid cuando el hoy académico apenas era un niño. En la capital ha transcurrido la mayor parte de su vida y ha desarrollado casi toda su obra, pero su condición de profesor y su vocación de trotamundos llevaron a Lapesa -junto a su añorada mujer, Pilar Lago, fallecida a mediados de los ochenta- a residir durante temporadas en Estados Unidos, en varios países latinoamericanos y en regiones españolas como Asturias, Castilla, Valencia o Andalucía.

En la posguerra, Lapesa tuvo dificultades, y esa insoportable atmósfera de los años duros del franquismo le hizo aceptar la invitación de su maestro Américo Castro para impartir clases en Estados Unidos. "Fui para un año y al final pasé allí cinco. Castro pensó que me quedaría, pero España me tiraba mucho. Ahora bien, Estados Unidos me sirvió para ponerme al día en las innovaciones lingüísticas".

No ha tenido hijos Rafael Lapesa y durante la conversación sus ojos sólo se ensombrecen cuando habla de su mujer o cuando recuerda los recientes fallecimientos de sobrinos. "Hubiera sido bonito enseñar a un hijo, aunque he tenido miles de hijos-alumnos", comenta el anciano lingüista.

Católico creyente, cuando se le pregunta cómo se siente de ánimos a sus 90 años de edad, Lapesa responde en tono socarrón: "El famoso historiador del arte Manuel Gómez Moreno decía, cuando ya estaba muy viejo, que sobre todo sentía curiosidad por pasar a la otra vida. Pues a mi me pasa los mismo".

En los 90 años de Rafael Lapesa
FRANCISCO ABAD

Rafael Lapesa cumple 90 años e independientemente de la magnitud de su obra como lingüista y de su trabajo de profesor unánimemente respetado y recordado, representa ante la sociedad española el testimonio de la tradición liberal y de lo mejor de nuestro pasado más inmediato.

En efecto, Lapesa es el único filólogo aún felizmente vivo del Centro de Estudios Históricos que creó la junta para Ampliación de Estudios; en él estuvieron desde Ortega y Gasset hasta Sánchez Albornoz, Américo Castro o Petro Salinas; estamos ante los intelectuales de la tradición liberal y que vienen en parte asimismo del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. No resulta acaso casual que poco después de nuestra guerra, cuando las ediciones de la Revista de Occidente contribuían a la reconstrucción de la razón, publicasen el bello libro de Rafael Lapesa La trayectoria poética de Garcilaso: sin duda, un mismo espíritu aunaba a autor y editor.

Como decimos, don Rafael llega hoy a los 90 años, y en su persona se cumple lo mejor de la época irrepetida de la Edad de Plata de la cultura española (1868-1936): todos cuantos lo han tratado conocen su buena educación y caballerosidad exquisitas, su libertad de espíritu y la rigurosidad en el trabajo intelectual. Ha dicho Gonzalo Anes a propósito de don Ramón Carande que existe un estilo de vida (compuesto, sin duda, por estas virtudes cívicas de la educación, la libertad interior, etcétera) que el futuro de la humanidad exige que se recupere. Lapesa representa en los días de hoy tal estilo de vida, y de ahí la importancia de que se conserve su ejemplo ante las generaciones más jóvenes.

Rafael Lapesa fue discípulo de don Ramón Menéndez Pidal y de Américo Castro, y como ellos ha dedicado su trabajo científico a las ciencias histórico-filológicas: en este sentido, es autor de una obra muy conocida, la Historia de la lengua española, y asimismo resulta muy utilizada una Introducción a los estudios literarios que escribió; su obra maestra es acaso la Sintaxis histórica del español, aparecida en forma de artículos y monografías bastante numerosos ya.

Lapesa ya hemos dicho que pertenece a la escuela del Centro de Estudios Históricos, llamada asimismo escuela española de filología o escuela de Madrid; el creador y figura máxima del grupo de estos estudiosos fue don Ramón Menéndez Pidal, y también perteneció a ella el maestro más inmediato de Lapesa, es decir, Américo Castro. Don Rafael ha mantenido una estima siempre muy viva por ambos autores, cuya visión intelectual y íntimamente liberal de la historia de España comparte; también Pedro Salinas formó parte del grupo, según queda dicho, o un poeta y escritor asimismo muy grande como Dámaso Alonso.

Don Dámaso hubiera cumplido 100 años en este 1998, pero ya no está entre nosotros; Lapesa llega a los 90, y creemos que lo mejor que puede señalarse al propósito es el testimonio que nos trae hasta nuestros días de una parte del mejor pasado español, pasado en el que estaban la Institución Libre de Enseñanza y don José Ortega y Gasset, y que los profesores debemos hacer llegar a las generaciones jóvenes. El legado de tal tradición es el de la libertad intelectual, la caballerosidad personal y la rigurosidad en el estudio que en este día ejemplifica Rafael Lapesa.

Premio Principe de Asturias de las Letras 1986