978-84-7517-600-0 Título
Sal de la lengua, (La) "Vers castellana de Angel Campos Pampano"  
Autores Andrade, Eugenio de           
Editorial Hiperión, S.L.  Nº edición  Año  Ene/1999
Colección  Poesia Hiperion  Nº colección  340  Páginas  116 
 
Materias



Poesia


Encuadernación  Rustica 
Largo  20  Ancho  14 
Idioma  Español 
Estado
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Reseña del libro
Una treintena de títulos y una trayectoria en constante proceso de superación y depuración acreditan el alto lugar que su poesía ocupa en el panorama lírico portugués del último medio siglo.
Desde la sabiduría y la serenidad que la vida vivida y la obra realizada le otorgan, Eugénio de Andrade sigue teniendo cosas que decir, palabras que ha amado y tal vez ame aún mucho, palabras que son la casa, la sal de la lengua, con las que nos confía un universo lúcido, una mirada penetrante y serena, la plasmación de una entrega a los dones del mundo y a su recreación en la belleza del poema.
Lejos de cualquier retórica, culminación del fervor y la dedicación de toda una vida, La sal de la lengua es una lección de escritura y de sencillez, una auténtica fuente de placer para cualquier degustador de la mejor poesía.
Ejemplo
LA POESÍA NO VA

La poesía no va a misa,
no obedece a la campana de la parroquia,
prefiere azuzar sus perros
contra las piernas de dios y de los cobradores
de impuestos.
Lengua de fuego del no,
camino estrecho
y sordo de la abdicación, la poesía
es una especie de animal
en lo oscuro rehusando la mano
que lo llama.
Animal solitario, a veces
irónico, a veces amable,
casi siempre paciente y sin piedad.
La poesía adora
andar descalza por la arena del verano. 
 
Bio-bibliografía del autor
Eugénio de Andrade nació en 1923 en la aldea de Póvoa de Atalaia, muy próxima a la frontera española.

Hijo de campesinos, sólo conoció durante su infancia el sol, el agua y la naturaleza. Aprendió que pocas cosas son necesarias en la vida y ésas son las cosas que reflejan y exaltan sus versos. De su infancia, como él mismo reconoce en un autorretrato, heredó también "el desprecio por el lujo, que en sus múltiples formas es siempre una degradación". "La pureza, de la que tanto se ha hablado a propósito de mi poesía", dice, "es simplemente pasión, pasión por las cosas de la tierra, en su forma más ardiente y todavía no consumada". Admirador de Bécquer, san Juan de la Cruz, Pessoa, Rimbaud o Whitman, con profundas influencias de la cultura griega y oriental, Eugénio de Andrade detesta la vida social y mundana, le aterroriza el exhibicionismo y huye de las entrevistas y los micrófonos.

De una vasta cultura literaria y excelente conocedor de la poesía española, no soporta que le atribuyan palabras que no son de su vocabulario personal, defiende la exactitud del lenguaje y no le interesan el dinero o la fama. Eugénio de Andrade pasa el tiempo "leyendo, escuchando música y escribiendo; es decir, ahora hago lo que realmente me gusta, porque como dice Melville, soy el emperador de mi alma".