978-84-96333-65-9 Título
Trilogia sucia de La Habana.  
Autores Gutierrez, Pedro Juan           
Editorial Tusquets Editor  Nº edición  Año  Feb/2006
Colección  Quinteto  Nº colección  190  Páginas  359 
 
Materias



Prosa


Encuadernación  Rustica 
Largo  18  Ancho  11 
Idioma  Castellano 
Estado
Agotado;Descatalogado
Agotado;Descatalogado
  P.V.P. 
 
   8,50
 
 
Reseña del libro
En Trilogía sucia de La Habana se reúnen tres libros de cuentos: ‘Anclado en tierra de nadie’, ‘Nada que hacer’ y ‘Sabor a mí’. Estos dos últimos se fechan en 1995 y 1997. Se trata de un conjunto de 60 cuentos, que constituyen, según mis noticias, la primera incursión narrativa de Pedro Juan Gutiérrez (Cuba, 1950), que hasta ahora era un desconocido en España. Primera y reveladora incursión, cabe avanzar. Reveladora y, en muchos momentos, sobrecogedora.

Ninguno de los más recientes escritores cubanos se había atrevido a narrar con tanta dureza, con tanta acidez, el naufragio de la Cuba castrista. Pero a los efectos que aquí importan no se trata de juzgar la veracidad de lo que se cuenta en estos relatos breves. Lo que nos concierne es su verosimilitud estética, su poder de persuasión verbal. Gutiérrez es, desde luego, tan radical como Reinaldo Arenas y mucho más hiriente que Zoé Valdés. Mas, insisto, no nos interesan estos cuentos como testimonios, sino como artefactos artísticos, lo que no equivale a negarles parcial o completamente su veracidad. Son, históricamente, textos brotados de la gran crisis en que se sume Cuba tras el hundimiento de la Unión Soviética.

Gutiérrez parece ser un discípulo aventajado del dirty realism norteamericano, que aplica -no sé si por influencia directa o indirecta- al universo de Cuba, la Cuba de los años noventa. El resultado es impresionante. He aquí un ámbito narrativo del que se enseñorean todos los materiales excrementicios, las prácticas sexuales más extremas, las ruinas, las cárceles, el hambre, los seres marginados -los locos, los mendigos-, los juegos suicidas, los suicidas, los mutilados, los viejos, los enfermos.

El protagonista de la mayoría de los cuentos es el mismo autor -Pedro Juan-, una criatura escéptica, desvalida, estoica, cansada, abrumada, solitaria, pansexualizada: el autor o la imagen que de sí mismo construye Gutiérrez. Y lo mismo sucede con el mundo representado. No hay realismo literal, lo sabemos; la reproducción fiel es absolutamente imposible. Determinados indicios permiten conjeturar que la representación realista de esta Trilogía... está voluntariamente escorada hacia un lado de la realidad, selectivamente contemplada siempre desde lo sucio, lo excrementicio, en suma, hasta configurar una perspectiva que acaba adentrándose en los ámbitos de un evidente neoexpresionismo. Neoexpresionistas son las hipérboles referidas a la material seminal que pueblan la obra.

Aplastado por la mierda y Yo, revolvedor de mierda se titulan sintomáticamente dos de los cuentos del volumen. Otros se denominan Mi culo en peligro, Ratas de cloaca o Siempre hay un hijoputa cerca. Gutiérrez insiste "casi cabría decir que hoza" en esos hondones de miseria, de fealdad, de marginalidad, de brutalidad sin límites. "Los sueños son una gran mierda", dice el protagonista; todo, o casi todo, lo es aquí. Reino del fango, ámbito de las oscuridades. Es el reino de este mundo, pero un reino que le enmienda la plana al mundo mágico del primer Carpentier. Porque es el reino de lo excrementicio, un reino presidido por una violenta y obsesiva sexualidad que a veces recuerda a Bukowski. Lo recuerda, aunque el autor no incurra en imitaciones complacientes.

El sexo suena aquí con una percusión monótona, insistente, soez, desagradable, que llegaría a fatigar y extenuar -continua mostración de anatomías, obstinadas escatologías léxicas- si no fuera por la potencia verbal, seca y contundente, del escritor, que es de un laconismo implacable, manifiesta una segura malicia, segrega un tenso humor y sabe, además, aquí y allí aliviar la extrema concentración e intensidad de sus climas narrativos con elementos poéticos, que se cifran, por ejemplo, en la descripción del paisaje o en su propósito, muy subrayado, de mantener la resistencia moral ante tanta decrepitud. Cabe llamar la atención sobre la segura precisión de los cierres narrativos.

Ha sido una feliz idea la reunión de estos tres volúmenes en uno solo. Su homogenidad es evidente; su complementariedad, también. Se sostienen unos a otros, se potencian, se cargan. No son células aisladas; así, los personajes transitan a veces de un cuento a otro. El autor visita el infierno, que en este caso se llama Cuba, que se llama, sobre todo, La Habana, aunque a veces en el infierno se pueda estar a gusto. "En este país por poco prohiben hasta reírse", exclama el narrador en cierto momento; "35 años construyendo el hombre nuevo. Ya se acabó", dice en otra ocasión. Son dos frases -el libro contiene muchas de esta índole- en las que se encierra parte del sentido de esta Trilogía..., que constituye una feroz diatriba contra un determinado estado de cosas, pero que es, sobre todo, la turbadora expresión de un mundo maldito, signado por todas las fatalidades.

Es la facilidad para moverse por estos antros oscuros lo que seduce de este libro, tan poco grato en sus materiales como atrayente en sus resultados. Por eso cabe aducir el expresionismo a propósito de esta poética hiperrealista. A Gutiérrez es más que seguro que no le gusta la Cuba actual; pero lo que también parece claro es que ha hallado un filón en los materiales sombríos que maneja y los trabaja con notorio deleite. Tal es, en resumidas cuentas, la misión del artista.

Autor Crítica: Miguel García-Posada


 
 
Bio-bibliografía del autor
PEDRO JUAN GUTIÉRREZ
CUBA , 1950

Ha ejercido los más variados oficios: vendedor de helados, cortador de caña, soldado, periodista. Es pintor, escultor, poeta visual. Vive en La Habana. En España se ha publicado la colección de relatos Trilogía sucia de La Habana y la novela El Rey de La Habana. Ambas obras, traducidas a varios idiomas, han tenido una acogida espectacular. Su segunda novela, Animal tropical, ha sido galardonada con el Premio Alfonso García-Ramos de Novela 2000, otorgado conjuntamente por el Cabildo de Tenerife y Editorial Anagrama.